+ Ahí te equivocas
- ¿Por qué? Si que lo hago....
+ Sí pero has dicho que me agarras la mano para saber que estoy ahí, que te protejo y eso no debería de ser necesario. Deberías tener claro que siempre estaré ahí a tu lado cuidándote y protegiéndote.
Ella no dijo nada, lo abrazó con ese gesto en la cara que tan común se había vuelto en los últimos tres años, y al apartarse lo miró y le dijo :
- ¿Sabes? Ya no estoy tan preocupada... he comprendido que no me importa como vaya el mundo mientras tú y yo sigamos de la mano.
Él no dijo nada, se limitó a devolverle la sonrisa y agarrarle con fuerza la mano. Y a pesar de no decir palabra, ella no entendió todo. En ese mismo momento se dio cuenta de que ya nunca más debería sentir miedo o agobiarse por el futuro, porque todo lo que ella quería, todo lo que necesitaba para sobrevivir y ser feliz estaría siempre ahí, agarrando su mano.


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