¿Desesperante? Desesperante es pasar un día sin verlo sonreír, sin tocarlo, sin tenerlo.
No estaba segura del tiempo que había pasado desde aquel último día, de la no despedida.
Miraba desconcertada el calendario que de formar burlona aseguraba que no había pasado ni una semana, pero a ella le parecían meses, incluso años.
Harta de esperar se levantó de la cama, dejo ese viejo albúm encima de la mesa y acto seguido se puso aquella sudadera ya desgastada con la que se arropaba cada noche que pasaban juntos. No era especialmente bonita, pero era la que la había dejado en el parque cuando todavía no estaba decidido lo que eran, cuando todavía no había un "nosotros". Además, todavía guardaba un vago olor a su colonia.
Salió de casa. En el coche comenzó a ser consciente de que todavía no tenía ni la menor idea de que pensaba decirle cuando volvieran a estar juntos, aunque a decir verdad nunca les habían hecho falta palabras.
Al fin llegó al portal. Su portal. Era tarde, pero la luz de la ventana demostraba que tampoco conseguía dormir. Llamó al timbre esperando escuchar el ruidito que las zapatillas con forma de garra hacían al bajar las escaleras.
Antes de darse cuenta, estaban otra vez frente a frente. Como de costumbre no les hicieron falta las palabras.
Con mirarse entendieron que ya ninguno tenía la culpa, que todo eso quedaba atrás. Ambos se echaban de menos y eso era ya lo único importante.
